Por: Jaime Valencia
Lo que se está moviendo alrededor de Carlos Torres Piña, coordinador estatal de defensa de la Transformación y la Soberanía, ya no se explica como la típica pasarela de políticos y respaldos.
En menos de una semana se juntaron tres cosas que en Morena pesan más que un discurso: territorio, fundadores y militancia organizada; y las tres se juntaron con él.
Un gesto que llamó la atención es el de la ex aspirante de la contienda interna, Celeste Ascencio. Tras la designación del coordinador morenista, la también senadora, consideró que no hubo “piso parejo”.
Fue autocrítica y no se guardó nada, pero también dijo algo que muchos olvidan: que los resultados deben respetarse.
Días después, no sólo respetó los resultados, sino que además, llegó con más de 400 liderazgos, fundadoras y fundadores de los 11 distritos y se sentó con Torres Piña para dejar claro que se acabó la interna y ahora empieza la organización.
No se retractó y no tenía por qué hacerlo. Lo que hizo después, fue más significativo: puso su diferencia por debajo del proyecto y soltó una frase que lo explica todo: “nadie sobra”.
Esa acción está lejos de ser una reconciliación de foto, es una decisión política.
Detrás de Celeste, vino el acompañamiento de más cuadros históricos: Yeyo Pimentel, Benjamín Mendoza, Juan Pablo Celis, Yolanda Guerrero, David Soto, Julio Peguero, Melba Albavera, Giulianna Bugarini, Azucena Marín, el profesor José Apolonia Albavera.
No son nombres nuevos, ni sacados al momento. Son los de aquellos que hace 15 años repartieron propaganda en las calles, los que organizaron comités y asambleas informativas cuando Morena aún no era partido; son los que tocaron puertas cuando no había “hueso” que repartir y los que defendieron el voto y la democracia.
Cuando ese grupo de iniciadores de Morena se sienta con Torres Piña, el mensaje no es solo de apoyo, sino de recibimiento y reconocimiento como un morenista más.
Y el tercer espaldarazo fue el territorial, con el apoyo mostrado por más de 2 mil integrantes de los “Herederos de la Lucha”, la estructura que ha articulado Juan Pablo Celis acompañado con Melba Albavera, Nalleli Pedraza, Miroslava Shember y otros liderazgos regionales.
Ahí, ya no hablamos del apoyo de la cúpula partidista, es la base, es la gente que ha defendido la Cuarta Transformación.
El sostén que ofrece “Herederos de la Lucha”no es cualquier cosa, ni una improvisación. Celis lleva años usando esa identidad para nombrar a lo más obradorista del obradorismo, a los que vienen desde el inicio del movimiento y de la lucha, y no los que surgieron del cargo.
Con estos tres escenarios el esquema queda así: una ex aspirante que criticó el proceso decide sumarse; los fundadores históricos de Morena en Michoacán se sientan a dialogar con el coordinador; dos mil militantes de estructura lo arropan en territorio.
El Morena que nació desde el 2011, en las plazas, en las comunidades y en las asambleas, está cerrando filas en torno a la coordinación a cargo de Torres Piña
Dicho sin rodeos: Torres Piña empieza a ser arropado por el obradorismo profundo de Michoacán, el de los fundadores, el de las estructuras territoriales, el que construyó el movimiento desde abajo.
Y eso, en Morena, vale más que cualquier encuesta.





